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Había muy poca sangre en la ropa de Andrew Borden, excepción hecha del pecho de la camisa, y por supuesto la espalda, por donde había corrido la sangre, es decir, la parte de atrás de su cárdigan. Holton, Gerald, Introduction to Concepts and Theories in Physical Sciences, Addison Wesley Publishing Company, Cambridge, Massachusetts, rsión castellana. Se llevaban a cabo dibujos y se tomaban apuntes, y las partes que aún podían volver a usarse se colocaban de nuevo en su sitio. En este sentido, Sherlock Holmes era, sin duda, un hombre adelantado a su tiempo. En 1887, la ciencia forense era ante todo una ocupación médica, y con frecuencia se la llamaba «jurisprudencia médica» o «medicina legal». Gohn, a su vez, modificó esta técnica al introducir el sistema de extracción de órganos en bloques relativos a su función. Coppolino, The New American Library, Nueva York, 1968. El rey Carlos destrozó la piedra, aunque algunos en la corte creyeron que Paré no había demostrado que los bezoares fuesen ineficaces sino, a lo sumo, que la piedra del rey Carlos era falsa. También contenía partículas de masa cerebral: dos manchas que parecían salpicaduras, aproximadamente del tamaño de una moneda de seis peniques.

Lo detuvieron y encarcelaron en numerosas ocasiones por distintos cargos, desde comportamiento incívico hasta contrabando y deserción. La idea de tapar la palabra «Juwes» hasta que se pudiera hacer una foto evidentemente no cruzó su mente, con lo que se perdió una prueba. Capítulo 9 Malos pasos Se ha producido un homicidio, y el asesino ha sido un hombre. En 1894 se halló un bordereau, es decir, un memorando que relacionaba detalladamente ciertos secretos militares franceses, en una papelera en la embajada alemana en París. Más tarde escribió: «Recogí una y la miré a través de la lente.

El doctor Locard se había formado tanto en medicina como en derecho, y a pesar de su gran respeto hacia Bertillon, era desde hacía tiempo un entusiasta de la dactiloscopia, amén de investigador apasionado. Lower Quinton forma parte de Warwickshire, que a su vez se sitúa en el centro de Inglaterra. Pero su plan fracasó cuando, al salir, Merrett se encontró en la escalera con su suegra, inconveniente que debió despachar rápida y violentamente. Algunas eran realmente diminutas, algunas tenían el tamaño de una cabeza de alfiler, otras el de un guisante o incluso mayores. Aunque en efecto son un poco débiles, funcionarían muy bien para realizar demostraciones, porque puede observarse hasta el más mínimo poro. La policía sí que sospechaba que las tres pisadas marcadas con sangre eran una pista vital, y se pensaba que, si lograban determinar a quién pertenecían, posiblemente resolverían el caso. Por otra parte, algunos insectos resultan especialmente difíciles de identificar, puesto que imitan la apariencia de otros. Pero más allá de la cuestión legal, el caso Lafarge ponía en claro el hecho de que la toxicología era una ciencia compleja y requería destrezas y experiencia, no sólo conocimientos teóricos. Durante su tiempo en prisión fue un modelo de buena conducta, y nunca cesó de afirmar su inocencia.

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En 1878, Brouardel debió hacerse cargo de un caso similar, y halló orientación en la obra de Bergeret. Trial of Madeleine Smith, William Hodge and Company, Londres, 1927. Houts, Marshall,Where Death Delights: The Story. Sin embargo, habían perdido tiempo. Sherlock Holmes en Estudio en escarlata Animales e insectos poco habituales vuelan, reptan y se abren camino en varias de las historias de Sherlock Holmes. Lowenthal, Max, The Federal Bureau of Investigation, William Sloane Associates, Nueva York, 1950. Históricamente sí que se habían llevado a cabo disecciones para explorar la anatomía humana o para humillar al objeto del procedimiento, pero la práctica se tenía por una desgracia.

Thomson, Helen, Murder at Harvard, Houghton Mifflim Company, Boston, 1971. Luego, una vez acabado el trabajo, se deshacían de los engañosos zapatos en alguna zanja cercana al lugar. En su How to Read Character: A New Illustrated Handbook of Physiology, Phrenology and Physiognomy (Cómo leer el carácter: nuevo manual ilustrado de fisiología, frenología y fisonomía publicado en 1873, Samuel Wells explicaba por qué, al menos en este aspecto, el tamaño sí importa: «Si. También se utilizaban polvos muy finos de colores que contrastaban con el fondo sobre el que se encontraban las huellas: con ayuda de una brocha, se colocaban delicadamente sobre las huellas latentes, que luego se fotografiaban. Por ello solía advertir a sus alumnos sobre el riesgo de sacar conclusiones con demasiada rapidez, al tiempo que inculcaba en ellos la máxima: «Hay que dudar.» Por su parte, el patólogo Charles Meymott Tidy coincidía con Lacassagne al afirmar que «existe una certidumbre científica. Les habían arrancado los miembros, los habían decapitado y habían desollado sus troncos: los órganos estaban esparcidos por el bosque. Y es que ni siquiera el análisis espectral puede aclarar si, de haberla, se trata de sangre humana.

Sin embargo, su espíritu de misántropo lo ayudó a lograr lo que nadie más había podido: Bertillon inventó el primer sistema de identificación factible. La atmósfera se hallaba, pues, cargada con extrañas preocupaciones y mitos cuando Robert Fabian de Scotland Yard llegó a Lower Quinton para investigar el asesinato del anciano Charles Walton. La masa titánica de expedientes que Vidocq había acumulado no tenían mucha utilidad sin el propio detective: los informes estaban archivados bajo el alias de los criminales, que solían tener más de uno. Al hurgar en el caso de los Kent, el detective había descubierto un espantoso secreto familiar, muy similar al que expone Holmes en el caso del vampiro de Sussex. Alberga elegantes parques y escandalosos mataderos, casas de vecinos y majestuosas residencias, todo envuelto en una bruma densa e iluminada por la luz de gas. Las autopsias se fueron convirtiendo en una tarea física más llevadera con el desarrollo de la sierra quirúrgica oscilante, patentada en 1947 por el doctor Homer Stryker, un ortopedista cuyo nombre ha pasado a designar lo que en las salas de autopsia comúnmente se conoce.

Y estimulan un apetito mórbido y una curiosidad aún más enfermiza entre las clases bajas. Después creyó oír pisadas dentro de la casa y, finalmente, el sonido de la puerta de su habitación, que alguien abría lentamente. Stevens, Serita Deborah, y Anne Klamer, Deadly Doses: A Writer's Guide to Poison, Writer's Digest Books, Cincinnati, 1990. Luego regresó a Inglaterra con el pasaporte robado, entró sin avisar en la casa donde vivía la mujer a la que había abandonado y la ahogó en la bañera, donde dejó el cadáver con la esperanza de que la muerte pareciese accidental. Joyce, Christopher, y Eric Stover, Witnesses from the Grave: The Stories Bones Tell, Ballantyne Books, Nueva York, 1992. Es posible que Bertillon tuviese modales, pero no lo parecía.

Pero en la vida real, la influencia de supersticiones como las del perro negro a veces se convertía en impedimento para la investigación de crímenes verdaderos. Pinkerton, Allan,Thirty Year a Detective. A propósito de esta última cuestión, lord Deas, el juez que instruía el caso, decidido como estaba desde el comienzo a impedir que la imparcialidad empañase el proceso, hizo cuanto pudo por evitar que el jurado se enterase de los sórdidos detalles de las prácticas. En vista de que Smethurst solía llevarle la comida y la bebida a Isabella, y que rara vez la dejaba a solas, la policía decidió arrestarlo. Las partes humanas o las secreciones debían colocarse en envases separados, sin ningún tipo de conservante y claramente etiquetadas. Era obvio que también habían secuestrado a Esther con aquel infame propósito. Las muertes por herida de bala, debido a la presencia de proyectiles explosivos en los cadáveres, constituyen un riesgo real para el trabajador poco precavido. Más o menos en el mismo momento en que se registraba el vagón, el conductor de un tren que pasaba por la vía contraria pudo ver una silueta que se desplomaba en la franja de terreno de unos dos metros de ancho que separaba las. La ropa y el cuerpo del sujeto fallecido debe examinarlos con atención un médico.

Su marido, el doctor Cari Coppolino, fue condenado por el crimen. En 1865, al morir a los ochenta años de edad, una autopsia reveló que el doctor era en realidad una mujer que había vivido toda su vida adulta bajo un disfraz. Norton and Company, Nueva York, 2005. Literalmente, agua de Teofania, mezcla venenosa de arsénico y otras sustancias que preparaba y vendía, en Roma y Nápoles, una criminal empresaria del siglo xvii llamada Teofania di Adamo. Todas estas rarezas arquitectónicas proporcionaban una feliz inspiración a criminales, detectives y escritores de ficción. Torre, Lillian de la (ed. Un primer examen externo no mostró señales inusuales en la piel abundantemente pecosa del cadáver, mientras que la revisión interna revelaba un embarazo temprano y ninguna causa de muerte. Los pelos de caballo hallados en la camiseta venían de las alforjas en donde la policía había guardado la prueba, que pertenecían al animal muerto.

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